Cuando un grupo de investigación e intervención de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) se decidió a incorporar perros a las terapias de adolescentes y adultos comenzó a advertir grandes avances en sus pacientes.

Desde personas con demencia que recordaban el nombre de la mascota hasta niños con autismo que prestaban más atención a los terapeutas gracias a la presencia de perros en el consultorio, fueron algunos de los beneficios que percibieron los investigadores universitarios en su iniciativa.

“Este proyecto de investigación e intervención surgió desde el 2012 aquí en la Facultad de Psicología, pues somos pioneros en ese sentido en relación a un proyecto de esta naturaleza en y dentro de una universidad”, expresó la doctora Xóchitl Ortiz Jiménez.

La especialista en neuropsicología de la UANL explicó que los perros en particular tienen un sistema nervioso como los humanos y cuentan con las mismas estructuras cerebrales, lo que facilita crear un vínculo afectivo y emocional con ellos.

Gracias a esto se ha podido incorporar a este animal de compañía en terapias de personas de todas las edades para tratar situaciones como la ansiedad, estrés, depresión, trastorno de atención, autismo y demencia.

Aunque el grupo de investigadores ha trabajado solo con perros, Ortiz Jiménez indicó que se puedan utilizar otras mascotas para el mismo objetivo, como los gatos, los caballos y hasta los peces.

“Con los adolescentes que tienen dificultades en expresarse, en abrirse como en una terapia convencional, la incorporación de un perro hace que la atención se dirija al animal y entonces el adolescente puede empezar a fluir o a sacar esa parte emocional.

 

“En un paciente con demencia hemos hecho intervenciones con los perros, estos pacientes que tienen la particularidad de olvidar, pues lo bonito y lo interesante y el dato es que recordaron el nombre del perro”, aseguró la líder del proyecto en la Unidad de Servicios psicológicos de la UANL.

Áreas en las que apoyan los perros en terapia: (1) física, ya que provoca que el paciente se movilice; (2) cognitiva, pues logra que enfoque su atención; y (3) emocional, especialmente en pacientes con el diagnóstico del espectro autista.

Algunas de las maneras en las que participan activamente los animales en este tipo de intervenciones son, por ejemplo, que el paciente le enseñe un truco al perro para mejorar la comunicación del humano o implementar una técnica de relajación donde la persona sincronice su respiración con la del perro.

Para solicitar una terapia de este tipo, cualquier persona puede acercarse a la Unidad de Servicios Psicológicos de la Facultad de Psicología de la UANL, donde primero se le asignará un terapeuta que le indicará si puede tratar su situación a través de esta medida.