Doctor Coss, NL.– Minas terrestres, camionetas desintegradas, cuerpos esparcidos y territorios en disputa… pero, según el Gobierno federal, nada de esto puede considerarse terrorismo. Solo “actos criminales”.
La mañana de este miércoles, un ranchero murió de manera brutal luego de que su camioneta pasara sobre una mina terrestre en una zona despoblada de Doctor Coss. La detonación fue de tal magnitud que la víctima quedó desintegrada y los restos del vehículo se esparcieron en un amplio perímetro, en un hecho sin precedentes en la entidad.

El uso de minas improvisadas —cada vez más frecuente en regiones disputadas por grupos delincuenciales— marca un nuevo nivel en la violencia asociada al crimen organizado. Sin embargo, para las autoridades federales, la clasificación permanece inamovible.
En una postura que ha generado polémica, el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, reiteró este martes que hechos como este, ocurridos también recientemente en Michoacán, no pueden ser catalogados como terrorismo, porque no buscan imponer fines políticos, ideológicos, sociales o religiosos.
“Estos son actos criminales para ampliar sus actividades: rutas de trasiego de droga, extorsión, tráfico, minería ilegal… por eso la carpeta se abrió por tráfico y acopio de armas, no por terrorismo”, afirmó.
“¿Se descarta entonces terrorismo?”, insistieron reporteros en la conferencia matutina.
“Sí, se descarta. No solo por la ley mexicana, sino también por la ley internacional”, respondió el funcionario.

Mientras tanto, la escalada continúa. Trascendió que, casi a la misma hora del primer estallido, un ganadero habría resultado gravemente lesionado al activarse otra mina en las inmediaciones del rancho El Guaje. A diferencia del primer caso, él logró sobrevivir y fue trasladado a un hospital en Estados Unidos.
En Nuevo León, este tipo de ataques no tiene antecedentes recientes. Pero ahora, con minas terrestres detonando en caminos rurales y fragmentos de vehículos desperdigados por los campos, la discusión pública ya no es si la violencia escaló —porque claramente lo hizo—, sino cómo llamarle.
Porque, de acuerdo con las autoridades, camionetas explotadas, cuerpos desintegrados y minas sembradas en caminos son actos “criminales”, pero no “terroristas”. Aunque para la población, en los hechos, la diferencia empiece a parecer más semántica que real.
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