Teherán, Irán.– Tras 12 días de intensos bombardeos israelíes, los iraníes recibieron con alivio el sorpresivo anuncio de un alto al fuego. Sin embargo, la esperanza de paz está acompañada de un profundo temor ante la posibilidad de nuevas represalias, crisis económica y una mayor represión interna.
Durante casi dos semanas, Israel atacó objetivos estratégicos en diversas ciudades iraníes, incluida Teherán, dejando cientos de muertos y obligando a miles de personas a abandonar sus hogares. Las principales avenidas de salida se vieron colapsadas por la huida de familias enteras, mientras columnas de humo se alzaban en el horizonte capitalino tras los ataques al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la prisión de Evin y otras instalaciones de seguridad.
«Fue una guerra innecesaria, y nosotros pagamos el precio de las políticas belicistas de las autoridades», declaró Shima, residente de Shiraz, quien, como muchos otros, pidió mantener su identidad en el anonimato por temor a represalias.
A pesar del cese de hostilidades, el ambiente sigue tenso. En las calles de Teherán se ha intensificado la presencia de vehículos de seguridad y muchos temen una nueva ola de detenciones y represión. En redes sociales, activistas denunciaron un aumento de arrestos por presuntos actos de espionaje o disidencia política.
La ofensiva aérea, iniciada el pasado 13 de junio, ha sido considerada por analistas como el golpe más severo a Irán desde la guerra con Irak en los años 80. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió que los ataques buscan incluso “provocar un cambio de régimen”.
No obstante, lejos de desatar protestas, la agresión fortaleció el sentimiento nacionalista entre la población, que responsabiliza tanto a las potencias extranjeras como a sus propios dirigentes por la tragedia vivida. “Yo culpo a los responsables políticos de este país. Sus decisiones nos trajeron guerra y destrucción”, expresó Mohammad, de 63 años, desde Rasht.
Mientras tanto, el regreso a la rutina se complica para miles de iraníes desplazados. El temor, la falta de recursos y la devastación han dejado una huella visible. “Prefiero morir en mi propia casa antes que vivir con miedo en otro lugar”, dijo Noushin, quien decidió regresar a Teherán pese a las advertencias.
Organismos internacionales y analistas han expresado preocupación por una posible violación del alto al fuego en los próximos días.
“Espero que esta vez lo respeten, por el bien de ambos pueblos”, dijo un ciudadano en una calle de Teherán, reflejando el sentir general de una nación al borde del colapso, pero aún con la esperanza de un respiro duradero.
Con información de Reuters







