Continúan las protestas en Irán contra el ayatolá Alí Jamenei

Hasta ahora hay más de 500 muertos, incluidos niños, y más de 10.000 detenidos, una cifra que Iran Human Rights (IHRNGO), eleva a 648 fallecidos hasta ahora.

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Irán.- Las protestas que comenzarón en Irán el pasado 28 de diciembre de 2025, se han convertido en las más multitudinarias y con mayor número de fallecidos según organizaciones no gubernamentales de derechos humanos desde la muerte de Mahsa Amini tras ser detenida por no llevar bien puesto el velo islámico en 2022.

A diferencia de entonces, estas manifestaciones han estallado por la inestabilidad económica, aunque han derivado en un movimiento político contra la República Islámica.

Las protestas contra el Gobierno en Irán han estallado por 15 días consecutivos, en una ola de disturbios a nivel nacional que supone el mayor desafío al régimen en décadas.

Las autoridades cortaron el acceso a Internet y las líneas telefónicas el jueves, para que no se pudiera transmitir las medidas severas y crueles que tomarían contra los protestantes.
El viernes ha sido la noche más importante de manifestaciones a nivel nacional hasta ahora, dejando a Irán prácticamente aislado del mundo exterior. Los grupos de derechos humanos afirman que sobre 2,000 personas han sido asesinados por el régimen, desde que comenzaron las protestas, y que el gobierno de Irán planifica continuar con una represión aun peor.
Hasta ahora hay más de 500 muertos, incluidos niños, y más de 10.000 detenidos, una cifra que Iran Human Rights (IHRNGO), eleva a 648 fallecidos hasta ahora.
Mujeres iraníes quemando el velo, rompiendo retratos del líder supremo y gritando consignas de libertad en plazas y calles.
La indignación va mucho más allá de la vestimenta. Durante más de cuatro décadas, el régimen ha impuesto controles estrictos sobre la vida privada, la expresión política y la libertad religiosa.
A ello se suma una crisis económica persistente, marcada por inflación, desempleo juvenil y corrupción, agravada por sanciones internacionales y una gestión interna ineficiente. La brecha generacional es evidente: una población mayoritariamente joven, conectada al mundo, ya no cree en las promesas y mentiras de la revolución islámica.