El Levi’s Stadium fue escenario del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, encabezado por el cantante puertorriqueño Bad Bunny, quien ofreció una presentación que combinó música, despliegue escénico e identidad cultural, en uno de los momentos más comentados de la final de la NFL.

El artista apareció acompañado por un amplio grupo de bailarines y músicos, iniciando el show con una producción visual que recreó paisajes caribeños y una escenografía de gran formato. Durante su actuación, interpretó varios de sus éxitos más conocidos, fusionando ritmos urbanos con arreglos en vivo, coreografías coordinadas y una puesta en escena que aprovechó todo el espacio del estadio.

“Bienvenidos a la fiesta”, expresó al comenzar su presentación, que mantuvo al público en constante interacción y euforia. A lo largo del espectáculo, Bad Bunny alternó momentos de baile, contacto con los asistentes y pasajes más íntimos, mostrando una propuesta artística integral y versátil.

Entre los invitados a la “casita” de Bad Bunny estuvieron Pedro Pascal, Karol G, Cardi B y Jessica Alba, entre otras personalidades, quienes aparecieron bailando en el escenario.

El show se desarrolló en un contexto marcado por la atención mediática que generaron las críticas previas del expresidente Donald Trump a la elección del artista como protagonista del medio tiempo. A pesar de ello, la presentación se centró en el espectáculo musical, aunque incluyó referencias simbólicas a temas sociales que han caracterizado el discurso público del intérprete.

El concierto contó además con apariciones especiales de Ricky Martin y Lady Gaga, lo que incrementó el impacto del espectáculo, que convirtió el encuentro entre New England Patriots y Seattle Seahawks en una celebración con fuerte presencia latina, donde el español predominó en el escenario principal del evento deportivo.

El cierre de la presentación se dio con un mensaje de paz y la mención de todos los países de América Latina marcando el final de un medio tiempo que fue interpretado por muchos como un evento cultural de alcance global, más allá del ámbito deportivo, y que dejó una huella relevante en la historia del espectáculo del Super Bowl.