Los Seattle Seahawks se proclamaron campeones del Super Bowl LX tras imponerse con autoridad 29-13 a los New England Patriots, en un partido marcado por el dominio defensivo y la eficacia estratégica del equipo de la Costa Oeste, disputado este domingo.

El encuentro estuvo caracterizado por un desarrollo cerrado durante los primeros tres cuartos, en los que la ofensiva fue limitada por el protagonismo de ambas defensas. Seattle tomó ventaja en el marcador gracias a la efectividad del pateador Jason Myers, quien convirtió cinco goles de campo, estableciendo un récord de más anotaciones de este tipo en un Super Bowl.

La ofensiva de los Seahawks mostró equilibrio y consistencia, con una destacada actuación de Kenneth Walker III, quien superó las 134 yardas terrestres, y un desempeño sólido del quarterback Sam Darnold, quien dirigió con precisión el ataque del equipo a lo largo del partido.

Por parte de New England, el mariscal de campo Drake Maye lanzó para 240 yardas y dos pases de anotación, pero también sufrió dos intercepciones, un fumble y seis capturas, factores que impidieron el desarrollo efectivo de la ofensiva y limitaron las oportunidades de reacción del conjunto de Boston.

Seattle amplió la diferencia en el último cuarto con dos touchdowns que terminaron por definir el encuentro, consolidando un triunfo que les permitió levantar el trofeo Vince Lombardi por segunda ocasión en su historia, además de hacerlo en territorio de uno de sus principales rivales divisionales.

El partido también representó una revancha deportiva para los Seahawks, once años después de haber caído ante los Patriots en el Super Bowl de 2015. A diferencia de aquel encuentro decidido en los últimos segundos, esta edición estuvo marcada por un control sostenido del juego por parte de Seattle.

Desde el inicio del partido, la defensa de los Seahawks impuso condiciones, forzando series ofensivas improductivas y estableciendo presión constante sobre el mariscal de campo rival. New England firmó uno de los medios tiempos ofensivos más limitados en la historia del Super Bowl, cerrando la primera mitad con desventaja de 9-0.

El dominio se mantuvo en la segunda mitad, donde Seattle combinó disciplina defensiva, control del balón y efectividad en equipos especiales para asegurar la victoria. La actuación colectiva del equipo dirigido por Mike Macdonald confirmó su consistencia mostrada durante la temporada regular y los playoffs.

Con este resultado, los Seahawks consolidan una temporada histórica y se confirman como campeones de la NFL, en un Super Bowl LX definido por la solidez defensiva, la eficiencia táctica y el control total del ritmo del partido.