Síndrome de Asperger: aprendiendo con otra óptica

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Cuando mi hijo tenía 7 años, un maestro me dijo: Ah! Esos chicos son muy inteligentes¨

Yo sumida en la angustia le recriminé: ¨cómo me dice eso, cuando veo que mi hijo no sabe leer¨

Y tranquilamente me respondió: ¨créame, le va a dar la sorpresa, solo tiene que apoyarlo unos cuantos años más y va a ver¨

Hablar de educación dentro del espectro autista es un tema complejo, la realidad es que genera cierta ansiedad a todas las partes involucradas.

Para los padres de estudiantes dentro del espectro, pensar en la escuela es una angustia, un reto muy grande; para un maestro tener un alumno con esta condición también lo es.

Y en nuestro círculo de ansiedad ante tareas, exámenes, a veces olvidamos que quien está pasando por el reto mayor es nuestro hijo, que si nosotros nos desesperamos ante la imposibilidad de poder enseñarle de una forma que le sea afectiva, imaginen como se siente el (a) quien no sabe a ciencia cierta lo que le sucede y cómo controlarlo; aún así debe responder a esas exigencias de los padres, maestros, psicólogos y maestros de apoyo, todos aquellos que en el afán de ayudarlo presionamos.

Cuando nosotros nos vimos dentro de este reto había además muchas otras situaciones con que lidiar, por ejemplo las estereotipias, nuestro hijo: se jalaba el cabello, se quitaba los zapatos, se comía las uñas, todo ello generado por la ansiedad que le ocasionaba estar en un salón de clases con niños haciendo ruido e incapaz de entender lo que el maestro decía.

Lo primero que hicimos fue definir en qué íbamos a trabajar primero, porque si tratamos de trabajar en todas sus estereotipias, en que haga las tareas, en que ponga atención, en que se aprenda las tablas, todo simultáneamente? pues le estaríamos generando mucho más estrés y en lugar de ver avances, lo estaríamos perjudicando aún más; Un sistema de andamiaje, hay batallas que hay de dejar de lado por lo pronto.

Hablando de las tareas, si pasábamos toda la tarde trabajando, pero entendimos que había que dejarle descansar por momentos; otra cosa que aplicamos fue el mostrarle como aquella clase se podía aplicar a la vida real; si hablábamos de los tres estados de la materia, los hacíamos con agua; si hablábamos de los servicios públicos municipales, salíamos a la calle a ver la luz mercurial.

Cuando nuestro hijo dejó de ver los temas en el libro y pasó a verlos en la realidad, todo quedó muy claro para él, se entusiasmaba tanto en el tema que hasta preparábamos clase; yo enviaba un recado a la maestra avisando que Iván se había interesado por la tarea y que llevaba clase, de la misma forma si la maestra veía que a mi hijo le interesaba un tema en el salón, le pedía que expusiera para el día siguiente, aprovechamos que le gustaba mucho la computadora y le dijimos que se apoyara en internet para preparar sus clases, eso le animó aún más.

Aquella estrategia nos ayudó mucho y las clases se le tomaron en cuenta en sus calificaciones, porque aún batallaba para contestar los exámenes; él podía dar una clase de memoria, pero a la hora de contestar un examen se revolvía todo, por la forma en que estaban hechas las preguntas; así que se hizo costumbre que el daba clase y que se le tomara como calificación reforzando el examen escrito, finalmente, el conocimiento estaba ahí.

No digo que todo se solucionó, pero a  partir de entonces él trabajó mejor en clases, estuvo mucho más tranquilo e incluso algunas de sus estereotipias se fueron; quedaron otras, pero una vez que estuvimos encausados con la labor en la escuela, pudimos, ahora sí, trabajar en esas otra situaciones.

Hoy nuestro hijo es un joven de secundaria que estudia y hace solo sus tareas, cuando le pregunto si le puedo ayudar me dice: ya estoy grande mamá, puedo hacerlo solo.

Paciencia y más paciencia es lo que debemos tener cuando hablamos de la educación en los niños dentro del TEA; todo se logró haciendo trabajo en equipo y sobre todo mucha comunicación entre maestros, padres, maestros de apoyo.

Hoy me acuerdo de la frase de aquél maestro y como fui tan escéptica e insegura de las capacidades de mi propio hijo; una vez que nos aplicamos, la angustia se acabó para él y para nosotros.

La lección más importante, escuchar a nuestro hijo (a), ver de qué manera aprende y con paciencia trabajar, él nos va a ir guiando y créanme es verdad, al final nos dan la maravillosa sorpresa.