Con la gracia de Dios, iniciamos este tiempo especial dentro de la Iglesia: La Semana Santa. Semana en la que nos adentraremos de forma significativa en la meditación de los misterios que son cimiento de nuestra fe.

La vivencia de esta semana debe ser, para todo creyente, una especie de parteaguas en el que, al revisar cada uno su caminar espiritual y la coherencia con la que vive su fe, se fortalezca dejando atrás todo aquello que le impide realizarse en su vida, disponiéndose de manera sensible a nutrirse de la palabra de Dios y de los sacramentos de la Iglesia, que son la fuente de donde emana el alimento para el cuerpo y el alma.

Después de haber vivido una preparación en cuaresma, la cual concluye el próximo jueves por la mañana, es necesario que dirijamos nuestro corazón a vivir el triduo pascual en una meditación sincera, agradeciendo la entrega de Cristo por nosotros, recordando que su pasión, muerte y resurrección son el claro ejemplo del amor del Padre por cada uno de sus hijos.

Cada día de esta semana, tiene un mensaje importante que aportarnos, por lo que les invito a que sigan las reflexiones y celebraciones que estaremos transmitiendo en nuestro Canal Digital Arquidiocesano y en las diversas redes sociales de nuestras parroquias, las cuales realizamos para acercarnos a todos aquellos que no podrán asistir presencialmente a nuestros templos.

Para todos aquellos que tengan la posibilidad de asistir, les reitero la invitación a seguir tomando en cuenta las medidas previstas por la Secretaría de Salud, las cuales no han perdido vigencia y deben ser cumplidas con seriedad para evitar adversidades.

Asímismo, les comparto que este año tendremos nuevamente la oportunidad de realizar los oficios principales de Semana Santa en los Centros de Readaptación Social de nuestro Estado, ya que el año pasado no fue posible realizarlos.

Un servidor, junto a dos de mis Obispos auxiliares, Mons. Juan Armando Pérez y Mons. Juan Carlos Arcq, estaremos en los dos CERESOS de Apodaca y en el de Cadereyta celebrando la fe con los internos.

Agradezco a las autoridades penitenciarias su amabilidad al permitirnos realizar los oficios religiosos en espacios especialmente destinados para la ocasión, con las medidas de sanidad recomendadas.

Finalmente, deseo reconocer la labor de los cuerpos de auxilio y a quienes han manifestado su solidaridad con nuestros hermanos que padecen las consecuencias de los incendios en la Sierra de Santiago, N. L. y de Arteaga, Coahuila. Reitero la invitación que hice la semana pasada para no dejarlos solos. Pidamos a Dios envíe la lluvia, especialmente a esos lugares, para que puedan extinguirse las llamas que tanto daño están ocasionando.

Que los apoyos que podamos brindar sean de corazón y no utilicemos este acontecimiento para rivalizar o competir entre nosotros. Recordemos el precepto bíblico: “Cuidad de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrás recompensa de tu Padre celestial (…) Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Cfr. Mt 6, 1.4).

Que esta Semana Santa sea realmente un momento para renovar nuestro corazón y las acciones que realizamos en bien de nuestro prójimo y de nosotros mismos.

Para quienes vayan a salir de la ciudad en estos días de vacaciones, háganlo tomando las debidas precauciones para que vayan y regresen con bien. Les bendigo a todos.

Mons. Rogelio Cabrera López
Arzobispo de Monterrey

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